19 julio 2013

Toro difícil.

Sale del toril, inquieto,
con furia de carestía,
bragado, corniveleto,
fantasma de noche y día,
y sueña cornada fina,
con alarde de meneos,
el toro negro de ruina
que lidian los europeos.


Hay público de facturas,
humo de plazos vencidos.
Los precios, en las alturas,
congestionan los tendidos,
y en el ruedo, junto al toro,
con lividez y con miedo,
bailan cuadrillas en coro
sin capotes de dinero.

Manoletinas de puntos.
De subsidios, naturales.
Extraordinaria. Pies juntos.
Pasodobles laborales.
Pero terrenos pisando
de prendas deterioradas,
va el toro solucionando
un pi erre dos de cornadas.

No hay lotería premiada,
ni pródigos herederos,
ni quiniela adivinada
que sirvan de burladeros.
Los habilitados, mozos
de espadas anticipadas,
van dando dinero a trozos
para curar las cornadas.

(El cuerpo del toro tiene
sangre ya del mes que viene)

En la enfermería, heridos,
centenares de toreros
con destrozo de tejidos
y colapsos financieros.
Y tocan los musiquillos
sus tristes marchas de pena,
pues en estos ruedecillos
triunfa la marimorena.

¿Qué haces ahí, “Pepe-Hillo”?
¿Dónde estás “Curro-Guillén”?
¡Atiéndenos, “Joselillo”!
Tú, “Manolete”, ¡también!
Hacer de nubes, capotes;
de la lluvia, banderillas.
¡Servirnos en estos trotes,
con estrellas, de cuadrillas!
Reuniros en la plaza
sin aforo de ese cielo
y presentar vuestra baza
para calmar este duelo.

Brilla con brillo de impuesto
su mirada clara y fría.
Terror en el ruedo, apuesto,
fantasma de noche y día
da la cornada asesina
con sus traumatismos feos
el toro negro de ruina
que lidian los europeos.



Evaristo Acevedo, Los ancianitos son una lata. (1955)

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